Tu derecho a elegir

En educación no hay dogmas.

Entiéndase bien; toda educación digna de ese nombre buscará siempre el bien de cada persona como tal persona, se esforzará en ayudar a cada niño, a cada joven a desplegar la mejor versión de sí mismo, a desarrollar al máximo su potencialidad respetando su modo de ser.

Pero determinar qué es lo mejor para cada persona concreta es algo mucho más discutible. Lo que para uno es absolutamente prioritario, para otro puede ser secundario e incluso indiferente. Para unos el desarrollo de la inteligencia puede ser lo primero y para otros, en cambio, tener preferencia la formación de la voluntad, el desarrollo de las habilidades sociales o determinadas destrezas manuales. En unos casos se dará prioridad al lenguaje y en otros al método científico, la competencia matemática o el dominio de idiomas.

En consecuencia, alguien tiene que decidir qué es lo mejor para un niño concreto y ese alguien son sus padres. Ellos son los que mejor conocen al chico, son quienes más lo quieren y quienes tienen el deber irrenunciable de procurar lo mejor para él. En su casa, los padres definen sus prioridades educativas y también a ellos corresponde elegir el centro educativo que piensen que mejor complementa ese proyecto educativo familiar.

Así lo reconoce la Constitución Española en su artículo 27 y así ha sido ratificado reiteradamente por el Tribunal Constitucional. Conviene recordar que la Constitución no crea este derecho, sino que reconoce la existencia de este derecho fundamental de los padres, que es previo al propio ordenamiento constitucional. 

 

Hacer realidad un derecho

Para que este derecho de los padres pueda ser una realidad se hace imprescindible una pluralidad de centros educativos, con proyectos diferentes, entre los que cada familia pueda encontrar aquel que más se ajuste a sus prioridades. Por ello el mismo artículo 27 de la Constitución reconoce la libertad de creación de centros educativos distintos de los promovidos por los organismos públicos.

Para que todos tengan posibilidad real de ejercer su derecho a elegir colegio sin sufrir discriminación por razones económicas,  los poderes públicos tienen la obligación de garantizar el acceso gratuito a las enseñanzas básicas, sea cual sea el tipo de centro elegido. Esta es la razón de ser de los conciertos educativos y otros sistemas de financiación de la enseñanza: no son una ayuda al centro, sino una garantía de que el ciudadano pueda ejercer en libertad su derecho constitucional.

Enseñanza pública y enseñanza privada no son por tanto realidades excluyentes sino totalmente complementarias.  En el caso concreto de la enseñanza privada, concertada o no, cada centro tiene un carácter propio que define su línea pedagógica y formativa y que constituye una garantía para las familias que lo escogen de que el centro se compromete a hacer reales los principios que han motivado dicha elección.

Puede ampliarse la información sobre este aspecto consultando un interesante documento “El derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos” que fue suscrito por las entidades más representativas del sector educativo: sindicatos, patronales, asociaciones de alumnos, etc.

 

Derecho a elegir. Deber de elegir

En Granada existen muchos colegios y no son iguales. Todos ellos son centros adecuados para la formación de los alumnos, pero cada uno tiene sus características propias, su propio proyecto, sus especialidades. Por eso es tan importante conocerlos y poder elegir el mejor para cada hijo; porque la elección de colegio es una de las decisiones más importantes que vamos a tomar en la vida del niño.