Testimonio

Antigua alumna, madre de alumnos y profesora del Colegio Ave María Casa Madre

Lo primero que quiero que sepas de mi es que me alegra que puedas dedicar unos minutos para leer estas líneas.

En primer lugar quería saludarte, y decirte que me siento afortunada porque soy una de esas personas que tienen el privilegio de trabajar en lo que le gusta, allí donde están sus raíces, raíces profundas y fuertes…  en el seno de esta gran familia que es el Ave María.

Dicho así temo que suene a que he conseguido una meta laboral, sin embargo quiero trasmitir que es mucho más. Desde que tengo uso de razón he querido ser lo que soy, profesora del Colegio Ave María Casa Madre, porque he tenido la enorme suerte de crecer y educarme en su entorno privilegiado, frente a la maravillosa Alhambra, en un barrio de gente sencilla y noble de corazón.

Soy la cuarta de seis hermanas,educadas por un padre entregado a su trabajo en cuerpo y alma, fiel a sus principios, avemariano por los cuatro costados, y que todavía hoy cuando te ve entrar por la puerta, sigue interesándose por todo lo referente a su colegio,respetado y admirado por muchos,de un gran corazón, y mi modelo a seguir.

He tenido la suerte de estudiar y formarme en este colegio, de enamorarme en él del que hoy es el padre de mis hijos, de trabajar en él, y compartir buenos y malos momentos con muchos de esos profesores, admirados durante mi adolescencia como alumna,y profundamente respetados ahora que son mis compañeros, y de los que aún hoy, después de veinte años de docencia sigo aprendiendo.

Por si todo esto fuera poco, he tenido la inmensa suerte de ser la “seño” de mi hija durante el curso pasado, y recibir un beso de mi niña, con sus mejillas sonrosadas cada vez que finalizaba una hora de Matemáticas o Física. Y como yo sé que Don Andrés Manjón, que es el fundador del colegio me tiene “aprecio”, y no se cansa de encender mi estrella, este curso ha puesto entre mis alumnos un niño  de casi dieciséis años y un metro noventa de estatura, que es mi hijo pequeño, y que con orgullo debo deciros que también al finalizar cada clase, se levanta, haya quien haya delante, y con ese palmo que levanta por encima de mi cabeza, también me estampa un beso.

Podréis suponer que como todos los padres deseo lo mejor para mis hijos, y  puedo decir con rotundidad que he elegido el mejor colegio para ellos, porque como dicen algunos de mis compañeros a esos alumnos que dudan si continuar sus estudios por las dificultades que se les presentan ¿dónde vas a estar mejor que aquí?

Como os he dicho, me siento una privilegiada por estar donde siempre he deseado estar… pero que no os lleve a confusión, no es sencillo. Muchas veces es difícil. Es unesfuerzo constante conseguir obtener lo mejor de estas generaciones de chavales que nos vienen, luchar por sacar lo mejor de ellos y hacerles sentir que son importantes, que forman parte de esta sociedad y de esta gran familia (Si algún antiguo alumno lee estas palabras seguro sabe a lo que me refiero).Como docente debo reinventarme cada día,y seguir buscando nuevas maneras de acercarme a ellos, de motivarlos, de hacer que potencien sus talentos, de hacerlos sentir partícipes del día a día de nuestro cole… y convencerlos de que en esta sociedad el trabajo diario tiene premio, que no siempre puedes coger un atajo, y que el estudio es una de esas cosas en la que no se puede atajar.

Esta carta la escribo para vosotros, que la estáis leyendo, pero se la dedico a  todos mis “niños”, como tantas veces os digo en clase, para que no perdáis de vista vuestra meta y luchéis por conseguirla. Porque trabajando todo es posible.

Un saludo para todos. 

Orgullosa hija, esposa y madre de avemarianos, profesora de Las Escuelas del Ave María, y siempre alumna de La Casa Madre.

11/03/2015